Las raíces de Rafael Zabaleta

Hace dos décadas, como becario de la Fundació Pilar Juncosa y Joan Miró a Mallorca, consulté muchas veces el magnífico libro de Peré Gimferrer Las raíces de Miró. En el enorme y lujoso libro editado por Polígrafa, el poeta y catedrático realiza una empresa digna de elogio: catalogar e identificar las chispas creativas de Joan Miró. Encontrar la semilla, el germen de una obra es tarea difícil. No obstante, Gimferrer lo logra. Mediante coopresencia el poeta muestra la obra definitiva y los esbozos, objetos o fotos que la generaron.

En mi primer trabajo sobre Miró me centré en el estudio de las  denominadas Pinturas según collage de 1933. El libro citado me fue de gran ayuda para intentar justificar mis teorías sobre el método de trabajo de Miró. ¿Se podría realizar algo similar con Rafael Zabaleta? ¿Se puede encontar la génesis de cada obra zabaletiana?

En el caso de Rafael Zabaleta el proceso de trabajo es muy diferente. El quesadeño tiene paralelismos con el pintor catalán en sus gustos y preferencias. Los años veinte de Miró guardan algunas similitudes tanto en la temática como en el esquema compositivo. Sin embargo, el estilo parisién que dice tener Zabaleta se diferencia mucho del estilo parisién (surrealista) de Miró. Por ejemplo, en los cuadros según collage de 1933  Miró recurre a métodos para generar imágenes propios de la escuela surrealista.

No obstante, hay algo similar que se puede contemplar en el Museo Zabaleta. No se trata de sus fotos o dibujos de infancia sino de algo más profundo. Las raíces de Zabaleta  a las que me refiero son otras: su biblioteca personal (libros de sus artistas y escritores preferidos) y los objetos cotidianos de su casa. En definitiva, que también se puede indagar en las fuentes de inspiración del pintor de Quesada.

Para aquellos que tienen una imagen romántica del artista buscar referentes puede suponer la pérdida del mito. Nada más alejado de la realidad,  la creatividad de un artista no puede ser concebida sólo como la creación aislada de un ser dotado de una imaginación extraordinaria. Si el virtuosismo no es sinónimo de genialidad la inspiración tampoco es lo contrario de reinterpretación.

En el caso de Rafael Zabaleta los referentes (influencias) son evidentes: Picasso, Rosseau, El Greco, Ernst, De Chirico, Delvaux, etc. Las miradas compartidas, como las denomina Victoria Combalía, son más habituales de lo que la gente cree. Incluso el genial Picasso tomó prestado del quesadeño. El sombrero cordobés también oculta otro regalo hecho por Zabaleta: de allí extrajo el mago Picasso sus campesinos sesteando.

Y no todo queda aquí, el Museo ofrece al visitante la contemplación directa de otras semillas: los objetos cotidianos (que rozan el kischt) de sus naturalezas muertas.

Tan sólo falta incluir las fotos de sus juegos barrocos frente al espejo, la foto en blanco y negro del paisaje representado, las fotos del retratado…

¡Quién tuviera tiempo para realizar ese trabajo de investigación dónde no se explican intenci0nes sino que se catalogan las semillas, el germen, las chispa, el schock previo a la creación!

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